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  • Foto del escritor: Daniela Escalante Nogales
    Daniela Escalante Nogales
  • 2 jun 2019
  • 5 Min. de lectura





Esta crónica literaria la escribimos dos compañeros y yo para un trabajo de la universidad.

Gracias Jose y Katerin por ser tan duros y hacer posible esto tan lindo.




¿Por qué no me tienes miedo?

¿Por qué te preocupas por mí?

Cuando todos nos dormimos,

¿A dónde vamos?

Billie Eilish - Bury a friend


Como cualquier millennial enfadado con la vida diría: la vida es una broma, nacemos, crecemos, y si tenemos algo de suerte, no nos reproducimos, para al final morir. La muerte es como una carta comodín: algunas personas la evaden, algunos la buscan y en cambio otros, la conceden.


Cuando se habla de la muerte la primera palabra que se me viene a la cabeza es llana, es esa de cuatro sílabas y que juega a ser un sustantivo; cementerio. Un lugar al que nadie quiere ir, pero que nos espera ansioso como si pudiésemos llegar en cualquier momento, como las malditas visitas indeseadas. Así que decidí visitarlo, porque sabía que estaría esperándome. Antes de acercarme investigué un poco sobre él, porque no quería llegar sin tener un tema de conversación, sabrán ustedes, una conversación más allá del “hola, ¿cómo has estado?” No quería ser grosera.


Llegué. Por la posición del sol y por supuesto la hora en mi reloj era casi mediodía: 11:46 a. m.


“Crisantemos, lirios y chirosas… lleve la rosita” gritaban mujeres que parecían estar entre los treinta y pico y los cuarenta años. Me acerqué y jamás había visto a una persona más viva que a la señora Carmen, me preguntó que a quién venía a visitar y le respondí “al cementerio doña Carmen”, ella lo tomó como una broma, pero igual mantuvo la conversación. “Bueno, le tengo las más bonitas; las chirosas que a cualquier santo le gustan” dijo Carmen, y como no se de santos y mucho menos de flores, las compré.


Ahí me encontraba, con las chirosas en mi mano izquierda y la derecha en la cabeza, Crono, el dios griego del tiempo se veía algo cansado estando allí sobre la fachada de la entrada, quizá de la monotonía, y al igual que yo con la mano derecha en la cabeza y en la izquierda lo que parecía ser una hoz negra, casi que sobre su regazo un reloj de arena, como si intentara decir que el tiempo se nos acaba. Puedo dar por sentado que Crono, juega en sus ratos libres un papel de celador, pues cuando llegué no había quién vigilase el lugar.


No me tilden de rara, pero me gustan los cementerios, en uno dí mi primer beso. En casi todos los que he visitado encuentro una frase que va en plan “Acá terminan las vanidades del mundo”, pero cada vez estoy menos segura de la veracidad de la misma.


Recuerdo la primera vez que fui a un cementerio, 15 de agosto de 2014, se siente como si hubiera sido ayer, pero la sensación de aquel día gris no es la misma. La muerte se pintaba como un plato vacío frente al niño más hambriento, y ahora, se siente como la gota que salvó de la sequía a Israel;


Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel

1 Reyes 18:45


Como cuando un ciego abre sus ojos cada vez que despierta, un blanco brillante que a veces hasta causa molestia, se traga casi que por completo al Cementerio Central. Pero no se siente como la psicología de los colores lo explica: símbolo de paz, humildad y amor. Dicen que se siente como una enfermedad, como el color menos favorito para los vivos, pero ¿alguien le preguntó a los muertos? Parpadee un par de veces y vi a la vida misma manifestarse como flores, intentando llenar el espacio de color.


El ser humano se otorga a sí mismo el poder de manejar la naturaleza, limitando su libertad; si crece por aquí o por allá, o simplemente decidir si vive o no. Guardianes verdes con varios brazos, en contra de su voluntad han sido sembrados allí con un propósito: dar sombra a quién no la necesita, representar la esperanza en medio del desasosiego y tal vez, proteger habitaciones llenas de vacío.


Aunque ustedes no lo crean, la muerte también tiene un humor, su propia fragancia, que nos hace saber que es ella. Instantes previos a mi visita sabía que me estaba acercando, dejando a un lado el hecho de que conocía la ruta, su perfume anunciaba mi llegada. No se debe contradecir la sabiduría de los viejos, quienes aseguran que después de una visita, por muy larga o corta, se debe eliminar cualquier rastro de su amigo el cementerio,no por temor a él, sino por respeto a quienes en él habitan. Por esta razón al recordar las palabras de mi abuela y para honrar su memoria tendré que llegar a ducharme.


El sol estaba en una batalla con las nubes, era ganar o perder, y en medio de la disputa los salva la campana. Mi celular sonó, 12:31 p. m. La muerte no solo toma personas, también nociones de tiempo.


¿Izquierda o derecha? es decir, cómo sabría hacia qué costado iniciaría mi recorrido, ¡Genial! otra duda existencial más a la que debía encontrar respuesta… Derecha fue. Como en una galería, miles de piezas valiosas se exhiben allí, siendo los artistas sus propias obras de arte o desastre. Nacen y mueren: 1930 a 1997, 1989 a 2013, 2000 a 2010, la muerte no parece ser piadosa, llega cuando la esperas, cuando la buscas y cuando no la deseas.


Todo en esa inmensa pared está perfectamente organizado en medio de algo que al parecer es caos. Como una ciudad que se construye con caminos delimitados, como si se tratara de una villa urbanizada, una villa en la que no parecía existir una estratificación social, en la que de nada sirve lo que fuiste, sino lo que dejaste de ser. Desde el hemisferio derecho de esta villa sentí la necesidad de girar la vista hacia la izquierda, encontrándome con lo que sería un reflejo en el que, seguramente, lo único diferente serían los artistas.


En el lugar donde la izquierda y la derecha se estrechan nace una Iglesia, al igual que en cualquier ciudad o pueblo a partir de esta se crea el resto. A partir de esta elipsis se expande el Cementerio Central.


Quizá no me lo crean, pero hasta en el cementerio el espacio se divide por estratos,lo que hiciste en vida es reflejo de lo que ahora es tu casa. Si fuiste importante, probablemente gozarás de una enorme morada, así tus obras no hayan sido las mejores. Pero si no lo fuiste o simplemente no nadabas en dinero, tu casa será una réplica de esto, así hayas sido la mejor persona.


¿Pero al final esto realmente importa? En serio ¿Alguien le preguntó a los muertos?

Definitivamente las vanidades del mundo no terminan allí, es irónico pensar que hasta un lugar como este necesita remodelaciones. El estado de esas casas refleja el nivel de abandono, apego y desapego de quienes van a visitarlas.


No cabe duda de que para algunas personas la muerte es el capítulo final de un libro biográfico, el cual se juzga por la portada y no por su contenido. Hay quienes lo leyeron y lo terminaron para nunca más volverlo a abrir, para otros se convirtió en su libro favorito y podrían leerlo una y otra vez, y existen quienes ni siquiera se tomaron el tiempo de abrirlo, pero irónicamente, lo lloraron.


Ahora que me acuesto a dormir

Le pido al señor que guarde mi alma

Si muero antes de despertar

Le pido al señor que guarde mi alma.

Nightmare- Halsey

 
 
 
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