top of page
Buscar
  • Foto del escritor: Daniela Escalante Nogales
    Daniela Escalante Nogales
  • 24 may 2021
  • 2 Min. de lectura

Quizá lo más agotador que he hecho en mi vida es tratar de hacerle entender a quien amo, que lo amo solo a él y que, todo lo que tuve en mi vida antes no se compara, ni en una pequeña parte, con el amor tan grande que él y su presencia en mi vida me hicieron sentir. Un amor que va más allá del tiempo, un amor que difícilmente puedo explicarlo con palabras, pero que sé que cuando hablo de él mis ojos y mi sonrisa son suficientes para entenderlo. Un amor que es purito y que a pesar de todo me hace sentir que, quizá en algún momento, todo volverá a estar bien. Un amor que me hizo sentir que todo lo que pasó en mi vida antes de él, no existió. Y que la felicidad la encontré justo en el momento en que nuestras manos se encontraron y encajaron tan bien que podría jurar, hoy, aún sabiendo que esas manos ya no me sostienen más, que estábamos diseñados perfectamente el uno para el otro. Tal vez eso nunca lo entienda y ahora mismo estoy lo suficientemente agotada para insistir en que lo haga, seguramente ya no seremos y pensar en eso, siendo sincera conmigo misma, me hace sentir chiquita y me hace creer que jamás volveré a ser tan grande como lo fui con él a mi lado. Tal vez nunca sea consiente de que este amor que sigo guardando en mí como el tesoro más preciado, solo lo pude sentir por él. Y está bien, porque por fin entendí que si fui capaz de sentirlo, de apropiarme de él y de demostrárselo todos los días de mi vida a su lado, ya no importa nada más. El amor es eso, el amor es de mí hacia él , sin importar cómo lo reciba. Yo lo siento, yo sé cuánto lo amo y se lo inmenso que es. También sé que no lo sentí nunca y mientras yo sea consciente de eso, no importa nada más. Y hoy, más que nunca, sigo teniendo el valor de amarlo, aunque no me incluya. Y aunque él no lo entienda. TENER EL VALOR DE AMAR, AUNQUE NO NOS INCLUYA.

 
 
 
  • Foto del escritor: Daniela Escalante Nogales
    Daniela Escalante Nogales
  • 8 may 2020
  • 1 Min. de lectura

Actualizado: 24 may 2021

La guerra más difícil y quizá la más importante que he tenido que enfrentar ha sido conmigo misma, con mi cabeza y los mil y un pensamiento que corren en ella como si fuese una maratón interminable y agobiante. Lo peor de todo es que esa guerra siempre se repite ¿o nunca acaba? aún no entiendo muy bien eso, pero quiero pensar que sí se repite, en el fondo necesito creer que a veces sí la gano, aún cuando sé que jamás he sido lo suficientemente valiente si quiera para hacerle frente a mis pensamientos.

Ahora me quité el escudo y toda esa coraza con la que quise envolverme pensando que así me protegería de toda la mierda que mi cabeza me hace creer que soy y que no quiero ser. Digamos que unas veces funcionó, pero justo en este momento ya no sirve de nada porque por fin decidí hacerme frente a mí, A MÍ.






Creo que lo más difícil de entender, aunque resulte obvio para algunos, es que si no detengo esa maratón en mi cabeza y hago que esos pensamientos paren, si no puedo enfrentarlos y entender que nada de eso me define, que todas las inseguridades con las que cargo no hacen parte de mí, si no me reconcilio con lo que soy y dejé ir, si no recojo los pedazos que me hacen falta para terminar de completarme, no voy a poder estar bien con todo lo que me rodea.

¿Cómo puedo estar bien con todo lo demás si a veces no puedo estar bien conmigo?


Tan difícil como entenderlo, es aceptarlo

Y comenzar a hacer algo.

 
 
 
  • Foto del escritor: Daniela Escalante Nogales
    Daniela Escalante Nogales
  • 4 jul 2019
  • 1 Min. de lectura

Actualizado: 24 may 2021

Ya entendí por qué pasé dos días sin querer salir de la cama, me iba a llegar la regla. Obvio eso anterior lo quiero tomar como excusa, me lo dije hoy, luego de no ser capaz de salir de casa por dos días, así que sí, lo voy a tomar de excusa porque aún me cuesta aceptar que no estoy bien. Han sido días en los que mi cuerpo, mi cabeza y mis sentimientos se convirtieron en un sube y baja, pero con una velocidad insoportable.

Supongo que hoy no aguantó más. Acabo de salir de la ducha, después de que se me fueran las luces por unos segundos, lo primero que hice, o que pude hacer, fue sentarme aquí, en el suelo, y contar hasta 10, intentando buscando la calma que tenía refundida en algún rinconcito, muy dentro de mí. A veces está bien detenernos un segundo y aceptar lo que está pasando en nuestro interior. Hoy, por no haberlo hecho antes, mi cuerpo me pasó cuenta de cobro. Ya no lo quiero forzar más a hacer cosas cuando me dice que no quiere, ni a mi cabeza a dejar de pensar otras que simplemente no puede. Quiero creer que mientras más deje ser a las cosas que siento, tardaré menos en recuperarme.

Siempre podré contar hasta 10 y volver a empezar, las veces que sean necesarias.

 
 
 
2
bottom of page